
Tabarca: una isla viva entre la historia y el mar
A escasas once millas náuticas de la costa de Alicante, frente al cabo de Santa Pola, se encuentra Tabarca, la única isla habitada de la Comunidad Valenciana. Pequeña en tamaño pero rica en carácter, Tabarca ofrece una combinación singular de historia, aguas cristalinas y una sensación de aislamiento que sigue atrayendo a miles de visitantes cada año.
Antiguamente refugio de piratas berberiscos, el destino de la isla cambió radicalmente en el siglo XVIII bajo el reinado de Carlos III de España. Con un objetivo estratégico y humanitario, ordenó su fortificación y la construcción de un núcleo urbano. Sus nuevos habitantes fueron familias de pescadores genoveses que habían sido cautivas en la ciudad tunecina de Tabarka, de donde deriva el nombre de la isla. Hoy en día, las murallas que rodean su casco urbano han sido declaradas Conjunto Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural.
A pesar de su relevancia histórica, Tabarca mantiene una escala sorprendentemente reducida. Apenas cuenta con unos diez residentes permanentes, pero sus calles estrechas, calas abiertas y aguas transparentes le otorgan un atractivo duradero. Los visitantes acuden no solo para bañarse, sino también para pasear sin prisa por un entorno donde el tiempo parece haberse detenido.
Las excursiones a Tabarca se realizan todos los miércoles, con salida desde Albir y Benidorm, y una duración aproximada de ocho horas.
El recorrido comienza con un trayecto en autocar hacia el sur por la autopista mediterránea, pasando por el aeropuerto de Alicante-Elche hasta llegar al puerto de Santa Pola. Desde allí, se embarca en uno de los buques de TRANSABARCA para una travesía de unos 25 minutos hasta la isla. Durante el viaje, los participantes cuentan con la asistencia de un representante que habla inglés y español.
Una vez en Tabarca, se dispone de aproximadamente tres horas de tiempo libre para explorar. Las opciones son variadas: relajarse en sus playas y calas, disfrutar de la gastronomía local en restaurantes y bares, o recorrer el pequeño museo de acceso gratuito. También es posible explorar tanto la zona habitada como la parte deshabitada de la isla, donde el paisaje se vuelve más abierto y silencioso.
Durante los meses de verano, la isla puede estar bastante concurrida, especialmente en las zonas de restauración, por lo que conviene planificar con antelación. El terreno natural puede presentar ciertas dificultades para personas con movilidad reducida. Se recomienda llevar protector solar, bañador, toalla, calzado de playa adecuado (no chanclas) y cámara.
La excursión incluye transporte en autocar con aire acondicionado, ferry de ida y vuelta y servicio de acompañamiento, con recogida y regreso en puntos designados. El almuerzo no está incluido, lo que permite mayor libertad al visitante.
LLegaran de regreso a Benidorm alrededor de las 18:30, poniendo fin a una jornada que combina historia, naturaleza y experiencia mediterránea.
Tabarca no es un destino de grandes espectáculos, sino un lugar de relatos silenciosos donde el pasado y el presente conviven en armonía.
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